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El alcohol en el organismo
El hombre ha buscado siempre medios de evasión de sus angustias, modos de dejar a un lado las realidades cotidianas, aunque en la angustia está en parte el origen y el motor que puede llevar al hombre a descubrirse a sí mismo.
El uso de bebidas alcohólicas está asociado a este aspecto de la realidad humana por el hecho del descubrimiento de sus efectos embriagantes, euforizantes y tranquilizantes. Desde el momento en que el hombre además de cultivar granos y frutos aprendió a fabricar vasijas para conservarlos su historia ha estado asociada al consumo de bebidas alcohólicas.
El alcohol es UN TOXICO que afecta a la mayor parte de los tejidos de nuestro organismo cuando se emplea en cantidades abusivas. Cuando tomamos bebidas alcohólicas el alcohol produce una disminución de la saliva, al inhibir la secreción de las glándulas salivares, ocasionando una sensación de sequedad. Además destruye algunos microbios que se encuentran en la boca y esto hace que aparezcan otros que pueden producir enfermedades infecciosas en la boca y además provocar mal olor del aliento.
El alcohol también produce irritación en la pared del esófago, es el tubo que comunica la boca con el estómago, produciendo una sensación de ardor y a veces incluso vómitos. El reflujo gastroesofágico que es la sensación de que una parte de lo que se ha comido o bebido vuelve hasta la boca produciendo un sabor agrio y desagradable también puede producirse.
Desde el esófago el alcohol llega al estómago y desde aquí pasa al duodeno y al intestino delgado. Si el estómago está vacío se absorbe rápidamente y en 30 minutos llega a la sangre. Si el estómago está lleno el alcohol pasa mucho más lentamente al duodeno y por tanto se reabsorbe mucho más lentamente.
El alcohol no es transformado por los jugos digestivos del estómago o de los intestinos, como los alimentos, sino que pasa directamente a la sangre y de ahí a todos los tejidos del organismo. El gas carbónico al contrario de lo que ocurre con los alimentos acelera el tránsito del alcohol por el estómago y su absorción en el intestino. El alcohol ejerce una acción irritante sobre la mucosa del estómago que puede explicar las frecuentes alteraciones de la misma en forma de gastritis cuando se bebe y a veces cuando la bebida es muy concentrada puede originar el cierre del píloro produciéndose vómitos.
La atrofia de las mucosas afecta a la absorción de algunas substancias fundamentales para el organismo como la vitamina B12 cuya misión es colaborar en la producción de glóbulos rojos y por tanto su carencia va a producir un tipo de anemia que se denomina anemia perniciosa.
El consumo abusivo de alcohol llega a producir una destrucción de la mucosa intestinal que es la encargada de absorber hacia la sangre los alimentos digeridos y ocasiona una desnutrición del sujeto y diarreas agudas o crónicas que agravan la desnutrición.
El alcohol ingerido debe difundirse en el espacio acuoso de nuestro organismo que representa el 80 por ciento del peso corporal aproximadamente. Como el alcohol tiene una gran apetencia por los lípidos se concentra en los órganos ricos en estos como son el cerebro y los testículos, en los cuales alcanzan mayores concentraciones y permanecen más tiempo por lo que producen en ellos lesiones con más facilidad.
El organismo humano procura eliminar el alcohol ingerido y aunque una pequeña cantidad se excreta sin modificar a través del aliento, el sudor y la orina, la mayor parte, el 98%, lo hace a través del hígado donde se produce una serie de reacciones químicas que lo transforma en productos menos tóxicos a través de varios sistemas enzimáticos siendo el más importante el denominado "alcohol-deshidrogenasa".
A través de complejos mecanismos químicos el alcohol se transforma en la cantidad de un gramo de alcohol por cada diez kilogramos de peso cada hora. Podríamos decir que aunque las variaciones individuales son muy importantes y dependen de diversos factores, una persona adulta de unos 70 Kilos de peso puede transformar el alcohol contenido en medio litro de vino o su cantidad equivalente en otras bebidas, en aproximadamente una hora.
El alcohol se encuentra en la sangre desde que se absorbe y sus niveles en ella representan muy bien el grado de impregnación alcohólica en el organismo.
La alcoholemia es la proporción de gramos de alcohol absoluto que existen en un litro de sangre en un momento dado. Si obtenemos la alcoholemia a lo largo de varias horas después del consumo obtenemos una curva muy típica y constante que es la curva de alcoholemia. Esta curva representa la rápida absorción y difusión del alcohol por el cuerpo con una subida rápida y la lenta eliminación de éste a través de la oxidación hepática y la eliminación por aire, sudor y orina.
Gracias al conocimiento de la curva de alcoholemia es posible averiguar con alguna aproximación en los accidentes de tráfico su posible relación con el alcohol y la cantidad de alcohol ingerida previamente, teniendo en cuenta la alcoholemia hallada, el tiempo transcurrido, el coeficiente de oxidación y el peso de la persona.
Los niveles de alcoholemia dependen fundamentalmente de la cantidad de alcohol ingerida, pero aunque en ellos influyen también, otros factores, (como la cantidad de alimentos existentes en el estomago, las alteraciones gástricas, el peso de la persona, el tiempo que se tarde en tomar el alcohol, la graduación alcohólica de la bebida consumida etc.) se correlacionan muy bien con la perturbación de las funciones cerebrales.
Los niveles de 0,5 gr de alcohol por 1.000, producen en general modificaciones en el humor, en el pensamiento y en el juicio y la capacidad de decisión. Con estos niveles y aún menores, la persona modifica su capacidad critica y su nivel de aspiraciones, y afronta situaciones con las que no se atrevería sin haber bebido.
Estos factores son particularmente relevantes en la explicación de muchos accidentes domésticos, de trabajo y de tráfico teniendo en cuenta que la mayor parte de las veces no se reconoce estos niveles de intoxicación ni por la persona que ha bebido ni por los que están acompañándolo.
A los niveles de 1 gr. por 1.000 suelen ya producir alteraciones en el nivel de conciencia, de la vigilancia y pueden aparecer signos de adormecimiento y obnubilación de la conciencia o por el contrario indicios de agitación desinhibida.
Cuando se alcanzan niveles de 2 gr. por 1.000 a los síntomas anteriores se añaden conductas descontroladas, alteraciones motoras claras y de coordinación de los movimientos. Es en este momento cuando aparece la disartria (trastorno del habla frecuente en el sujeto ebrio) y alteraciones del equilibrio y de la marcha.
Cuando la alcoholemia pasa de los 3 gr. por 1.000 todos los síntomas anteriores se intensifican y además aparece un estado de estupor y de inconsciencia más o menos reactivo ante los estímulos exteriores. Si se llega a alcoholemias superiores a 4 gr. Por 1.000 se producen alteraciones de las regulaciones vitales esenciales, que caracterizan el coma alcohólico en el que se presenta parálisis respiratoria y cardiaca y con ellas la muerte.
Además, el consumo crónico de alcohol, puede producir una gran cantidad de problemas a más largo plazo pues el alcohol es tóxico para casi todos los órganos de nuestro cuerpo.
El reconocer que el abuso de alcohol puede producir graves alteraciones en la salud individual y pública no significa que no se pueda realizar un uso adecuado del alcohol en las formas y circunstancias que no supongan riesgos conocidos.
El hígado que es el gran laboratorio de nuestro organismo y donde se producen la mayor parte de los procesos de eliminación del alcohol, es el órgano más frecuentemente dañado por éste y de forma más grave y perjudicial para la salud. Las principales alteraciones hepáticas son las siguientes:
La esteatosis hepática. Es el cúmulo de grasa dentro de las células hepáticas. No suele dar síntomas y se reconoce por los datos de laboratorio. Su pronóstico suele ser bueno y se solucionan con el abandono de la bebida. La hepatitis alcohólica. Puede variar enormemente su intensidad y apenas se distinguen de las producidas por las infecciones por virus. Sus síntomas principales son la coloración amarillenta de las conjuntivas de los ojos y de la piel, el cansancio, la fiebre poco elevada, los vómitos y alteraciones en las pruebas de laboratorio. Las hepatitis leves suelen desaparecer con la abstinencia o agravarse y llegar a convertirse en cirrosis si se continua bebiendo.
La cirrosis hepática. Aparece en un gran número de alcohólicos y es ya una enfermedad irreversible y produce graves complicaciones como hemorragias digestivas y encefalopatia hepática además de favorecer el cáncer hepático. El daño hepático puede aparecer ya con tres meses de consumo habitual y también puede aparecer después de un año de abstinencia de alcohol, cuando antes ha existido un consumo elevado. El tiempo medio para la aparición de una cirrosis hepática es de 10 a 20 años, con una variabilidad tremenda entre las distintas personas.
El Sistema Nervioso es el otro gran órgano atacado por el alcohol y entre sus alteraciones más frecuentes podríamos destacar las siguientes:
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