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Aspectos Básicos en Prevención de Alcoholismo
1. ¿Qué es la Prevención?
Prevenir consiste en evitar la aparición de un daño cualquiera. En lo referido a las adicciones, la prevención pretende lograr que nuestros hijos no consuman drogas, o si ya es tarde, que se pueda frenar su avance y evitar que se convierta en un problema más grave (Ríos et al., 1997). Las medidas a llevar a cabo se pueden agrupar en diferentes bloques, sin que ello sea una razón de mutua exclusión:
a)
Reducir la disponibilidad: procurar que la oferta de drogas
(tanto legales como ilegales) esté controlada. b)
Reducir la demanda: educar a las personas de tal forma que
no sea necesario recurrir a las drogas a fin de resolver sus
problemas, buscar diversión, estimular sensaciones,
etc. c)
Capacitar a la gente para que, en el caso de que lleguen
a consumir drogas no se traspasen los límites del abuso
de las mismas. d) Reducir la incidencia de los problemas vinculados al consumo de drogas de aquellas personas que ya las consumen pudiesen padecer.
De acuerdo con esto, las acciones desarrolladas desde el ámbito de la prevención van encaminadas a sensibilizar y movilizar a la sociedad con el resultado deseable de generar una cultura de rechazo hacia las drogas, fomentando en el seno de la misma unos recursos y valores propios.
Tabla 1. Clasificación de las medidas preventivas según diversos criterios.
Para un mayor escrutinio de las medidas de prevención,
podemos clasificarlas en función de sus objetivos,
de sus destinatarios y de las estrategias empleadas. Véase
la tabla 1.
Hablar de factores de riesgo o de protección supone hacerlo en términos de probabilidad. En ningún caso queremos vincular el concepto de factores de riesgo y de protección con las drogodependencias en términos de correlación, y mucho menos, de causalidad. Los factores de riesgo son los elementos o condiciones que aumentan la posibilidad de que surja un problema. Por tanto, la presencia de factores de riesgo aumentará la posibilidad de que una persona consuma drogas. Así mismo, y por el contrario, los factores de protección contribuirán a disminuir el riesgo de que una persona consuma drogas. Dentro de los factores de riesgo, podemos encontrar características individuales, familiares y sociales. Entre las características individuales, encontramos la falta de seguridad, la inmadurez, la no valoración de uno mismo, el tener actitudes y creencias favorables a las drogas, el fracaso escolar, el comportamiento antisocial, el comienzo precoz en el consumo de drogas. En cuanto a las características familiares, podemos citar como factores de riesgo, la sobreprotección, la falta de comunicación, dificultad para fijar límites, situaciones familiares conflictivas, sobreexigencia, la historia de alcoholismo en la familia o consumo de drogas, y la falta de habilidades o capacidad o estrategias educativas de los padres. La influencia de la familia es fundamental en la creación de la identidad personal así como en el desarrollo de las pautas de interacción con los otros. Del mismo modo, existen determinados estilos de relacionarse con los hijos que pueden favorecer el desarrollo de conductas vinculadas con el uso de drogas. Por último, como factores de riesgo sociales, encontramos la disponibilidad de la droga, la existencia de normas sociales favorables o permisivas con el consumo de drogas, condiciones de escasez económica, de desarraigo y la escasez de vínculos sociales, y el formar parte de un grupo donde se consumen drogas. Nadie parece dudar que algunas de las características de la sociedad en la que vivimos facilita el consumo de drogas. Como señalábamos antes, la presencia de alguno de estos factores no quiere decir que estemos ante un caso de adicción. Aunque si habrá que tener en cuenta que ello se relaciona con una situación de debilidad frente a las drogas. También resulta obvio que cuanto mayor sea la cantidad de factores de riesgo que confluyen en un mismo individuo, mayor será probabilidad de que aparezca el problema. Por otro lado, y como es lógico deducir una vez que conocemos cuáles son los factores de riesgo, los factores de protección comprenderán todas aquellas situaciones relacionadas con la madurez, la seguridad, la capacidad de ser autónomos e independientes, poseer actitudes favorables hacia la salud y de rechazo hacia las drogas, estar expuestos a modelos de hábitos de vida sanos y sin consumo de drogas y el establecimiento de relaciones y vínculos sociales. De manera más abstracta y, a fin de tener una visión más global de la problemática que nos ocupa, podríamos comparar la relación que existe entre los factores de riesgo y los de protección como si se tratase de las dos caras de una misma moneda. Es decir, si conocemos cuáles son los factores de riesgo que inciden sobre un grupo o individuo, y además intervenimos sobre ellos para reducirlos en la medida de lo posible, estaremos potenciando en este mismo grupo o individuo los factores de protección que, a su vez, disminuirán la probabilidad de aparición de un problema de drogodependencia. No obstante, esta explicación acerca de dichos factores quedaría incompleta, sino hacemos mención a la naturaleza relativa a su relación con el contexto en que tienen lugar. Dicho de otro modo, no podemos hablar de factores de riesgo o de protección en términos absolutos, sino que aquello que en un determinado contexto puede actuar como protector del individuo, en otro contexto diferente podría desencadenar la aparición de una situación de riesgo o vulnerabilidad ante las drogas. Por ello, una situación de riesgo puede aparecer como tal en una determinada circunstancia de la vida de un individuo, pero en otro contexto distinto podría llegar a ser un factor de protección. Una vez que conocemos todo esto, y si queremos llevar a cabo una buena prevención, una prevención eficaz:
3. Modelos de Intervención en Prevención de Drogodependencias.
La filosofía más adecuada para comprender este
capítulo es aquella en que se recoge lo que pueda ser
más útil para llevar a cabo una intervención
preventiva. Por esto, cada uno de los modelos de intervención
que existen actualmente podrán aportar algo específico
con lo que podamos trabajar.
Desde la teoría vamos a exponer por separado las características de los modelos más importantes, pero recordando en todo momento que en nuestra práctica profesional será beneficioso adoptar un posicionamiento de tipo ecléptico.
3.1. Modelo Ecológico.
Este modelo resalta la importancia de enfocar el procedimiento de intervención en la interacción entre la persona y el ambiente que la rodea. Desde esta perspectiva se entiende al individuo inmerso en una serie de espacios de relación más o menos cercanos a él, sobre los que es preciso intervenir en su conjunto para lograr una mejora en la calidad de vida de las personas.
De este modo, estos diferentes espacios ejercerían sobre el individuo una influencia más o menos directa, dependiendo de su proximidad e interrelacionando todos entre sí.
Para facilitar una mayor comprensión de lo que supondrían cada uno de los espacios de relación mencionados, veamos una serie de ejemplos:
En el lugar de mayor proximidad al individuo, encontraríamos un área de relación fundamental que sería el representado por la familia. De igual modo, la escuela supondría otro área de socialización primordial para el individuo. En otro lugar mucho más lejano al individuo, pero sin dejar de ser influyente, se situaría el contexto sociopolítico y económico.
Siguiendo con esta línea, la intervención desde este enfoque pretendería alcanzar a todos los niveles de relación y trataría de facilitar la existencia de una relación coherente entre ellos. Es decir, se pretendería potenciar la relación entre familia y escuela, entre familia y amigos, etc.
Desde este modelo se pone especial atención en promover la responsabilidad individual y social en el mantenimiento de la salud, y a que ésta es concebida como un proceso de desarrollo continuo a nivel físico, psíquico y social.
Este modelo ha aportado una contribución fundamental: el concepto de "factor de riesgo". De este modo, la prevención debería incidir en la reducción de los factores de riesgo y en la búsqueda de comportamientos alternativos al consumo de drogas.
Aquí se trataría no solo de responsabilizar a las instituciones e instancias sociales, si no que también se requeriría de la estimulación de la participación social.
3.3. Modelo de Competencia.
En esta ocasión, el principal énfasis se sitúa en potenciar las capacidades de las personas y las comunidades e implicarlas en la búsqueda de soluciones a sus propios problemas, favoreciendo la autogestión ante los problemas.
La novedad de este modelo de competencia reside en la connotación positiva de la salud y en dirigir la atención hacia las competencias existentes más que en las carencias y aspectos negativos del individuo y de la comunidad. Por tanto, como resulta fácil deducir, la intervención preventiva propuesta por este modelo irá encaminada a desarrollar las destrezas, cogniciones y conductas lo más adaptativas posibles. Con esto se conseguirá aumentar el valor de los factores de protección, con los cuales se podrá afrontar mejor las situaciones conflictivas y reducir las condiciones de vulnerabilidad.
Todo ello resulta compatible con el fomento de las estrategias de resolución de problemas, con el desarrollo de actitudes positivas que refuercen la sensación de control y aumenten la autoestima de las personas y de las comunidades. También se relacionaría con la dotación de herramientas de análisis de la realidad, tales como definiciones de problemas, ejercitar la capacidad de abstracción y de anticipar consecuencias.
Decíamos al principio de este tema que prevenir es tomar medidas para evitar un mal. Vamos a hablar a continuación de aquellos agentes que pueden ser los encargados de llevar a cabo dichas medidas preventivas. Es decir, vamos a referirnos a los agentes preventivos.
En primer lugar encontramos a la familia. ¿Cuál es el papel que adopta la familia y qué es lo que puede aportar?
Otro de los agentes preventivos a los que haremos referencia es la Comunidad.
Por último, nos ocuparemos de la escuela por su importancia en la dotación de estrategias protectoras. Entre las aportaciones realizadas por la escuela tendríamos las siguientes.
Por todos estos aspectos, entre otros, los objetivos de la educación y de la prevención confluyen de tal forma que, podemos afirmar efectivamente que, educar es prevenir.
Clásicamente, las acciones realizadas en el marco de la prevención se han venido diferenciando en tres niveles.
En primer lugar, encontraríamos la Prevención Primaria. Esta tendría lugar antes de la aparición del problema que queremos evitar. Por su definición, es la que presenta mayor coincidencia con el verdadero concepto de prevención.
En segundo lugar, aparece el concepto de Prevención Secundaria, que es la que se produciría una vez que el problema ha hecho su aparición e iría destinada a tratar de erradicarlo o disminuirlo en el mayor grado factible. Este concepto en la práctica quedaría solapado al tratamiento propiamente dicho.
En último lugar, el tercer nivel de prevención estaría relacionado con el interés por minimizar las consecuencias o productos residuales de un determinado problema, y se denominaría Prevención Terciaria.
6. Aspectos generales de los Programas de Prevención.
Los programas de prevención escolar son acciones conjuntas y planificadas de los miembros de la comunidad educativa encaminadas a prevenir los problemas derivados del uso de drogas.
El objetivo de las acciones de prevención deben estar encaminados a minimizar los factores de riesgo, además de potenciar los factores de protección. Por todo esto, resulta fácil comprender que la prevención será más eficaz cuanto mejor planificada se encuentre y cuanta mayor cantidad de agentes preventivos se hallen implicados en ella. Así pues, el proyecto de prevención tendrá que designar tareas a desempeñar por cada uno de los diferentes agentes. No obstante, ello no significa que existan casos en los que puedan llevarse a cabo programas de prevención recurriendo únicamente a la participación del profesorado, la tutoría o el Departamento de Orientación.
Elaborar una intervención en materia de prevención conlleva la realización de una reflexión conjunta en torno a la situación del centro en relación a la problemática del consumo de drogas para lograr un mayor acierto en el planteamiento de los objetivos.
En la elaboración de estos programas debe intervenir toda la comunidad educativa con las aportaciones y sugerencias de padres, profesores y alumnos. También serviría de gran ayuda contar con el asesoramiento de un experto en prevención, o bien conseguir la participación de algunos de los miembros de la comunidad educativa en cursos de formación sobre dicha materia.
Dichos programas deberán ser presentados y aprobados por el Consejo Escolar del Centro.
Para lograr una aplicación más efectiva, habrán de ponerse en práctica tratando de combinar las actuaciones implantadas en el aula, con aquellas donde se cuente con la intervención y participación de los otros componentes de la comunidad escolar, las Instituciones Públicas, etc.
Las alteraciones que se puedan llevar a cabo, en el Proyecto Educativo y en el Proyecto Curricular quedarán reflejadas en la Programación General Anual del Centro y serán aprobadas por el Claustro de Profesores y el Consejo Escolar.
La escuela constituye uno de los principales agentes de socialización, junto con la familia y el grupo de iguales, y resulta fundamental en el proceso de socialización, ya que ejerce una importante influencia en el proceso de maduración de las personas. En todo este periodo, tiene una gran importancia la intervención del adulto, ya que actúa como modelo y como reforzador de actitudes.
La obligatoriedad de escolarización hasta los dieciséis años, permite el contacto con los alumnos durante un largo periodo de tiempo, en el cual estos últimos se verán sometidos a una serie de cambios y momentos de crisis y conflictos, gracias a los cuales quedarán expuestos a múltiples riesgos, entre ellos, el consumo de drogas.
Por esto, la escuela resulta un lugar ideal para detectar de forma precoz los potenciales factores de riesgo y cuenta con la presencia del profesor como agente educativo.
De este modo, la prevención escolar nos brinda la oportunidad de proporcionar a los alumnos los recursos y habilidades necesarias para enfrentarse de forma adecuada a aquellas situaciones asociadas al consumo de drogas, ya sea cuando hablamos de su inicio, o bien, en momentos posteriores al mismo. Gracias a la intervención en la escuela, se puede promocionar la salud generando cogniciones y comportamientos favorables a su conservación, desarrollando al mismo tiempo la capacidad reflexiva y el juicio crítico de los alumnos.
Además de esta variedad de intervenciones concretas que pueden ser llevadas a cabo en el seno de la escuela, también se puede hacer extensiva la actuación de estos agentes preventivos, trasladando sus efectos al contexto familiar. De acuerdo con este planteamiento, desde la escuela, se puede actuar respecto a la familia de la siguiente forma:
8. Política de prevención en problemas relacionados con el consumo de alcohol.
Una política eficaz relacionada con la prevención del alcoholismo debería tener en cuenta, como mínimo, los siguientes aspectos (Robledo de Dios, 2001):
- Promoción y Prevención.
a) Informar sobre la importancia y consecuencias del consumo
de alcohol en la salud, familia y sociedad, y sobre las medidas
eficaces para prevenir o reducir en lo posible el daño. - Asistencia.
- Participación Comunitaria.
9. Bibliografía Básica.
Robledo de Dios, T. Políticas de prevención
de los problemas relacionados con el consumo
de alcohol. En: Trastornos Adictivos, Vol. 3. nº
2 Abril- Junio 2.001
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